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[FanFic MegaMisterioso] Conquista de los Cielos.

BellamyBellamy

# Fecha de alta: 17/01/2016

# Edad: 83 años

20 10 20 0
Glosario de personajes y sitios.

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Personajes importantes
Líbero – Viejo Togekiss protagonista de la historia que tiene 18 años al empezar. Vive en otra línea temporal futura a los acontecimientos ya que él está contando la historia de su vida antes de morir. (Que será la misma que los otros Fics)
Deenan - Oshawott de unos 10 años que perdió a sus padres nada más nacer. Es impulsivo y soberbio, pero amable con sus amigos. Es el líder del equipo del Mar. Evolucinó a Dewott en el capítulo 3.
Meltia - Frillish de 15 años. Es muy precavida e inteligente, le encantan las joyas y su sueño es explorar mundo. Está enamorada de Líbero. Es miembro del equipo del Mar.

Personajes de otros fics
Honoka - Dragalge con pasado desconocido que fue en busca de la vasija y atacó al equipo del Mar. [La Tormenta]

Sitios
Mensajeros Pelipper – Edificio con la cara del Pokémon al que se refiere. Empezó como una pequeña empresa que creció y se fue modernizando con el paso del tiempo. Líbero trabajaba en ella antes de jubilarse.


Historia

Spoiler

Prólogo

[spoiler]"Hace unos 800 años, el Pokémon conocido como Xerneas iluminó con sus cuernos la región de Kalos. En ese preciso instante, la gente y los Pokémon de toda Kalos sintieron como que un torrente de energía y vitalidad recorría su cuerpo. Simultáneamente, surgió un vasto bosque con Xerneas en su centro. Dice la leyenda que, al sentir próximo el final de sus 1000 años de vida, libera toda la energía que le queda y la comparte con todos los seres vivos cercanos. Una vez que este Pokémon legendario libera su energía, se transforma en un árbol marchito perdido en un bosque recién nacido."

Esa era la historia que me contaba mi madre cada noche antes de dormir y que acompañaba con sucesos que ella mismo vivió con esa leyenda.

Mi madre me contaba las experiencias vividas con Xerneas, el legendario de la creación que es capaz de revivir un campo de rosas marchitas y darles un color tan intenso que desde lejos parecería un campo de flores salpicadas de sangre. Siempre me narraba lo majestuoso que era: el azul royal que recubría su cuerpo y contrastaba con el grisáceo oscuro que coloreaba la parte inferior. Esas patas famélicas con forma de espada que se clavaban en los humedales del campo y que movía con ritmo a la vez que su cabeza. Por último, los cuernos. Mamá decía que cada segundo que pasaba, el arcoíris de su cornamenta brillaba con más vivacidad que nunca hasta que su creación se coronaba con la majestuosidad que portaba ese Pokémon y justo ahí empezaba la decadencia. Él sabía cuándo llegaría su final y compartía su alegría con todo ser que le rodeaba, volviendo a renacer en un lugar desértico y apagado en el que ninguna especie se atrevería a entrar por miedo a morir en soledad.

Siempre he pensado que la vida de un legendario como este ciervo es triste. ¿Qué necesidad hay de saber el momento de tu muerte? Ya es demasiado duro de asumir que como ser vivo que eres: naces y mueres como para también saber cuándo lo harás. Es ley de vida y si la naturaleza lo decidió así hay que respetarla, pero es cruel.
Según mi madre yo nací a lomos de Xerneas, ella fue una de las compañeras más importantes de este Pokémon desde que nació hasta que desapareció para renacer en una estepa desolada. Sus historias hacían que me sintiese importante hasta que un día, lamentablemente, ella también sucumbió ante el dichoso destino de la existencia. ¿Qué quién soy yo? Yo soy Líbero, un Togekiss macho por muy raro que pueda parecer. Vivo en una aldea pequeña cerca de la orilla del cabo Concha y trabajaba llevando cartas de unos Pokémon a otros, repartiendo periódicos, escribiéndolos… en Mensajeros Pelipper, la mayor compañía de carteros de la región entera y me gustaba. Es relajante volar por encima del mar sabiendo que llevas en tu regazo un tesoro y que alguien ha confiado en ti para que se lo entregues a otros, también las aventuras que he vivido explorando sitios casi vírgenes, sea dicho de paso.

Cuando era pequeño amaba frecuentar la plaza de la Aldea, que ha crecido muchísimo en estos 86 años y se ha modernizado lo suficiente como para alcanzar los 500 habitantes que vivimos en ella, en compañía de unos viejos amigos. Solíamos ir a la antigua mensajería y mirar las historias de socorro que dejaban algunos Pokémon en el tablón y que posteriormente escogerían los diversos equipos de rescate de las zonas cercanas. Recuerdo mi favorito, un equipo que se habría paso por allí donde fuese, que era aclamado febrilmente por los vecinos de los sitios que frecuentaban, que incluso los legendarios huían al ver el aura que desprendían esos 3 camaradas: Lucario, Gallade y Lopunny. Cuentan que cuando los tres evolucionaban en una forma mucho más poderosa, el interior terráqueo se movía como nunca lo había hecho y ocurrían terremotos y fisuras que atraparían eternamente a quien perturbarse la paz del pueblo. Yo una vez los vi en Mensajeros Pelipper recibiendo una misión de S☆, la más peligrosa de todas y catalogadas como mortales incluso para expertos, quizás por eso me interesé por este trabajo.

Tras crecer algo más me alisté en un equipo algo desestructurado, no buscábamos el bien común sino el propio por lo que las misiones no nos salían como esperábamos y acabamos deshaciendo el grupo cuando uno de nosotros, Jacky el Zigzagoon, murió en una expedición que decidimos hacer incluso aunque no tuviésemos ni el nivel ni la experiencia para hacerla. Todavía nos sentimos culpables de su fallecimiento, si tan solo hubiésemos recapacitado 5 minutos antes de escogerla… Ahora estoy aquí, escribiendo una especie de libro autobiográfico sobre las aventuras que he vivido antes de irme junto con mi querida madre allí a donde vayamos tras cumplir con los deseos de la madre Natura.

Por dónde empezar…


Capítulo 1: Plumas Danzarinas

Spoiler
Me acicalé las alas en el salado mar del cabo Concha mientras cantaba alguna melodía que me venía a la mente y los Krabbys bailaban a mi alrededor. ¿Sabes? En cierta forma me sentía afortunado de ser considerado el Pokémon Festejo, llevo la felicidad allí donde voy y alegro el alma de los desdichados, puede que por eso mi jefe Pelipper me contratase y que sus ventas hayan aumentado en un 40% desde que lo hizo. Salí del agua para secarme en la arena como si me tratase de una croqueta y prendí el vuelo en busca de repartir ilusión como de costumbre.

-¡Líbero, qué horas son estas de llegar! La información no se debe estancar, el mundo ha de saber lo que ocurre lo antes posible. ¡Corre, corre, corre!- Me gritó Picuda, la esposa del jefe del establecimiento. Sí, ella era la peor parte de trabajar aquí, no sé en qué momento a su marido le pareció buena idea enchufarla con la excusa de que enseñe algo de disciplina.

Pasé por la sala de imprenta y cogí el periódico del día lo más rápido que pude con tal de no oír más a esa cascarrabias que como siguiese ejerciéndome esa presión se me acabarían cayendo las plumas del estrés. “La Gaceta”, ese era el título del periódico que hoy sería repartido. Lo ojeé un poco antes de partir –un buen repartidor tiene que saber la calidad del producto que le entregará a la gente- y para mi sorpresa había una imagen de un Serperior y Torterra en primera plana seguida de una entrevista… ¡Claro, el equipo Celestial! Sabía que había oído de ellos en alguna ocasión pero nunca los había visto ni sé mucho de su historia. Me hubiera gustado leerla, pero sabía que Picuda acechaba detrás de la puerta del edificio, mi poder féerico me lo decía.

-Venga, Libe, es hora de repartir actualidad- Siempre me gustaba decir eso. Me puse en un extremo de la carretera que finalizaba en un barranco, pillé carrerilla y despegué cuando llegué a la terminación del terreno.

Saqué la tarjeta en la que estaban enumerados los pueblos en los que debería pararme para entregar la correspondencia gracias a poderes psíquicos que me había enseñado un sabio Slowking que vivía cerca de casa y, cuando acabé de memorizar los puntos de aterrizaje, utilicé velocidad extrema para acortar el camino y así tener más tiempo libre al final de la jornada. Era algo que solía hacer diariamente y que hasta ese momento no me había supuesto ningún problema de vital importancia.

Aquel día el mar estaba especialmente embravecido, no sé si porque se avecinaba una tormenta cerca o si por el contrario alguien estaba resquebrajando la tranquilidad marítima desde el interior porque no hacía tanto viento como para producir tales olas. Bajé el nivel de vuelo hasta rozar el agua con mi patas, creando ondas a mi paso y esquivando algunos Pokémon que se encontraban por ahí nadando –o flotando, según como se mire-.

-¡Hey Puch!- Exclamé al ver a un viejo Lapras que conocía –Puede que te interese la publicación de hoy- y le lancé un periódico sin detener mi ritmo.

Di una vuelta en el aire y volví a volar por encima del mar unos cuantos metros. Desde lejos me percaté de como Puch me miraba de manera nostálgica despertando mi interés en un tema que me producía un nudo en la garganta: La vejez. Solía interesarme por esos temas y ahora que soy viejo no le doy importancia, si tan solo hubiese sabido esto habría intentado pensar en cosas de provecho y no nublar mi mente de fobias sociales. Volviendo a la historia, notaba las casitas de los vecinos mientras disipaba las blanquecinas nubes gracias a la velocidad que había conseguido alcanzar.

-Es hora de aterrizar- Hice un soniquete similar al de un frenazo. –Objetivo: pueblo Barrizal- No, no era infantil, digamos que estaba demasiado ensimismado y yo mismo recreaba una situación divertida que amenizaría el trayecto.

Era un pueblo pequeño pero cálido, y me refiero a la amabilidad de las personas, no a la temperatura. Pocas casas construidas con cimientos débiles y blandos y con una plaza central de tamaño modesto en la que podía divisar varios Pokémon haciendo la compra o jugando como yo lo solía hacer cuando era más pequeño. Siempre era bonito ver que aún quedaban resquicios de la diversión y no las maquinitas. Sobrevolé la zonas varias veces para asegurarme de que era el destino correcta y comenzaba a soltar la entrega casa por casa. “Buen día”, “gracias”, “perdona las molestias” eran las frases que oía cada día, aunque no faltaba el típico gruñón que venía con el “quita pajarraco, como vuelvas a pasar por aquí lo lamentarás”. Después de acabar con esas zonas me dirigí hacia un Aldea que se asemejaba mucho a la mía, la Aldea Tesoro.

Acabé viendo la lejos la silueta de un Sharpedo en uno de los acantilados de las afueras de pueblecito, afiné mi vista y me fijé en un Serperior y Torterra que me sonaban de algo. Sí, era el equipo Celestial, aquel que aspira a rozar el cielo con sus brazos.

-Me parece que os interesará guardar este diario en algún lugar especial- Les dije acercándome a la boca del tiburón rocoso y lanzándoles una Gaceta a los pies del mayor de los dos. –Felicidades- Y me volví a ir volando hasta la plaza del lugar. Pensé que sería bueno descansar en ese nuevo sitio que nunca había visitado cuando acabé con todos mis recados. –Café Spinda- Musité mientras entraba en ese establecimiento. Una buena bebida con cafeína me serviría para despertarme y poder volver lo antes posible.

Era una sala amplia y rústica construida principalmente por madera y paja en el techo. Había varios Pokémon sentados en las distintas mesas, 9 conté en total, algunos con críos y otros solos. Al frente, dos puestos, uno liderado por Spinda y el otro por una familia de Wobbuffet

-¡Buenas noches!- Saludé –Un café corto, por favor.

Me senté en el taburete más cercano que encontré y esperé la bebida caliente algo agitado. Una pena que cuando llegó me interrumpió un grupo que llegó al Café. Si recuerdo bien el nombre de las especies, eran un Weavile, un Scrafty –que parecía ser el líder de la cuadrilla- y un Krokorok. Parecían los típicos chulos que iban paseándose mientras que sus groupies le seguían y aclamaban su nombre por donde pisaban, pero no. Eran mucho más crueles que ese tipo de Pokémon, su aura desprendía un hedor lacerante que acuchillaba a aquel que lo oliese. Al principio no les hice mucho caso, yo seguía inmerso en el dinero que recibiría al final del día: 120 Pokéyens si no multipliqué mal, aunque los vigilé de cerca cuando se acercaron a la barra y comenzaron a hablarle a Spinda.

-Mira chata- Musitó el más escueto y el que parecía más peligroso del trío. –Si nos das todo el dinero nadie saldrá herido de aquí- Afiló sus garras y se las colocó al atracado en el cuello.

Miré de reojo a la situación y noté como el cocodrilo vigilaba por si alguien se percataba de la escena que esos ladrones estaban formando. Me giré lo más rápido que pude y lancé una Esfera Aural al Weavile, impactándole de lleno en la espalda y estampándole contra el mostrador. Sabía que sería lo suficientemente eficaz como para dejarlo K.O. a la primera de cambio.

-¿Cómo te atreves hadito?- Largó el reptil que se sujetaba la prenda inferior para que no se le viesen los pudores.

Nunca había permitido que alguien me tratase así, sobre todo desde que “este hadito” pudiese reventar de un solo ataque a esa porquería de sabandija infesta –quizás no era el vocabulario más adecuado, pero no pude evitar pensar así-. Me coloqué a su nivel mientras mantenía el vuelo sin chocarme contra el techo de la cafetería hasta que vi que era el momento más oportuno para destrozar a este también. Mis alas se iluminaron y reemplazaron a las luces del establecimiento, mi velocidad de aleteo se dobló y en menos de un segundo me estampé contra mi objetivo dejándolo hundido bajo la tarima que recubría el suelo.

-Nunca desearías hacer insultado a alguien de mi tipo- Le susurré al oído.

Fui abriendo mi boca poco a poco a la misma vez que una esfera rosácea que salía de ella aumentaba hasta que su tamaño fue lo suficiente como para ser comparado con una cabeza de Machop. El poder creció y con él el miedo que sentía ese pobre ser indefenso, notaba el terror que emanaba de su mirada fijada en mi ataque antes de que lo expulsara y chocara con su blandengue cuerpo, emanando una gran energía que se disipó tras un parpadeo. Me enderecé y al volver la cabeza para localizar al restante, noté como había huido despavorido. El silencio se adueñó de la caseta y yo me encontraba en el centro de todas las miradas de los allí presentes.

-¡Togekiss, permíteme obs…- Interrumpí aquellas palabras de Spinda que seguro que estarían cargadas de felicitaciones debido a mi incomodidad ante este tipo de situaciones.

No, no me gustaba luchar por mucha justificación que tuviese. Durante mucho tiempo seguí sintiendo eso cada vez que me introducía sin quererlo en un combate y puede que esa fuese la razón por la que abandoné la cafetería dejando allí unas plumas blancas que bailaban al son de la brisa de la noche.


Capítulo 2: Canción de la Madre Natura

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Elegí el peor camino que pude escoger al intentar abandonar el ring de combate y zarpar de nuevo hacia Pueblo Vainilla –mi hogar, que nunca lo había mencionado al completo- en esa noche, ese 2 de octubre que nunca olvidaré. Si había algo que me aterrase aparte de la vejez y el fin de mi vida era el poder de la naturaleza, la diferencia entre la tercera y las dos primeras era que a día de hoy ya las había superado. ¿Por qué algo tan precioso como el sol, el agua o el campo me ha espantado durante todo este tiempo? Quizás porque en un combate yo mismo me defendía y según como lo hiciese mi destino me guiaría por un carril o por otro; en cambio, la naturaleza es omnipotente y te utiliza a su antojo según busque un beneficio. La naturaleza es fuerte y en ese momento todavía no lo sabía, acabé aprendiéndolo con el paso de los años y me alegro de haber sucumbido ante sus encantos para aleccionarme como es debido.

Despegué y me alejé tan rápido como pude de Aldea Tesoro por no haber sabido comportarme en combate como tocaba. No, no estaba llorando. Cuando llegué a ese pueblo por la tarde el mar estaba agitado y presentía la llegada de una tormenta, no me había equivocado. A medio camino me sorprendió una tempestad oscura que tapaba cualquier cuerpo celeste que desde otro punto del globo se podría ver, las nubes estaban apretadas las unas con las otros y lo único que iluminaba mi camino eran los relámpagos seguidos de sus respectivos truenos cuyo ruido ahogaba al de la marea, pero yo estaba enfadado conmigo mismo y la verdadera tormenta se estaba librando en mi interior.

-Chico- Una manada de Wingull intentó llamarme la atención –Es peligroso y vas en camino contrario. En menos de cinco minutos te encontrarás en el ojo del huracán y no podrás escapar.

Les ignoré y seguí mi camino dispuesto a traspasar la tormenta en busca de mi arcoíris. Ah, deliciosa adolescencia, ¿en serio hice eso sólo por un combate que fue el primero de muchísisisisimos? A medida que avanzaba las olas crecían, el viento soplaba en mi contra con más fuerza y los rayos se acercaban a mis extremidades por lo que evité el trago de soportar eso y usé Velocidad Extrema para sentirme imparable. Atravesé ola tras ola, ventolera tras ventolera, era imparable, lo era… -No lo era- Un pequeño tsunami pudo conmigo, con mi ataque y con todo lo que pilló a su camino. No recuerdo mucho más así que lo siento por saltarme esos minutos/horas, me es imposible por mucho que me tire pensando.

-Menos de dos horas más tarde-


-Ssh, no vayas a despertarlo- Susurró una voz femenina y frágil cercana a mi posición.

-Meltia, llevémoslo a la gruta secreta- Musitó el de la voz más ruda y varonil.

Abrí un ojo esperando comprender la situación en la que me encontraba y vi a dos Pokémon: un Frillish rosa que sería Meltia y un Oshawott, ese sería el último que habló. Me levanté con suavidad para no asustarles –realmente no podía hacerlo más rápido por las heridas de mis alas- y me acerqué al lugar en el que parecía que estaban anclados.

-Disculpad...- Me perdoné posando mi extremidad sobre la chica del grupo.

Un grito acompañó a la expresión de terror que ambos pusieron, alejándose hasta esconderse detrás de una roca. La nutria salió de su escondite velozmente y me amenazó usando su concha a modo de cuchilla con la que poder rajarme. Se me escapó una carcajada que no pude disimular con un rostro serio para que no se creyese que me reía de él y le aparté su arma para seguir con el acercamiento.

-¿Sabéis qué hago en este sitio?- Pregunté alzando la vista y recorriendo la cueva con mis ojos. Era oscura, oscura y fría.

-Meltia te encontró flotando bocarriba y creímos que estabas muerto- Ella afirmó con la cabeza. Mi mente recreó la escena y recordé lo que me había pasado.

-Claro… La ola- Creí haberlo pensado pero la verdad es que lo había dicho en voz alta -¿Estáis solos? ¿Quiénes sois? Yo me llamo Líbero y como veis soy un Togekiss- No había nadie excepto ellos, yo y el eco.

-Yo soy Meltia y él es Deenan, mi compañero- Ambos se colocaron cerca del otro y, como si se tratase de uno solo, exclamaron: ¡El equipo del Mar!

A ver, muy original no es que fuese, pero si a ellos les gustaba pues me parecía perfecto.

-Nosotros somos un equipo de rescate que acaba de comenzar su aventura, ¿sabes? En este mar hay muchas cuevas vacías y llenas de tesoros y gemas que luego vendemos y nos sacamos lo justo para chucherías- Explicó el menor de los dos –El mar mola.

-¿Y vuestros familiares os dejan?...- Sentí como si nunca debía haber dicho eso y era tarde para corregirlo, la pregunta ya estaba formulada.

-Meltia perdió a sus padres en un ataque de un Dragalge asesino que ronda las profundidades de las superficies con agua. Honoka, el terror de los mares se hace llamar. Yo nunca conocí a los míos así que…

No sabía cómo responder a eso, perder a unos padres de esa forma tan trágica me produjo un nudo en la garganta que hasta día de hoy no me ha permitido decir “lo siento”. Meltia, Deenan, si todavía seguís bien y leéis este libro, lo siento. Dejando ese tema atrás y volviendo al grupo de exploradores, en cierta forma me recordaban a mí con 7 años y a mi grupo: el Equipo Dorado, casi tan original como su nombre.

Durante una hora o más –había perdido la noción del tiempo- estuvieron narrándome sus aventuras robando tesoros vírgenes y vendiéndoselos a timadores para comprar dulces. A fin de cuentas cualquier niño preferiría tener un regaliz que un diamante y 100 monedas de oro puro. Era increíble, esos dos enanos habían recorrido más lugares inhóspitos que yo en 11 años siendo un crío y 7 trabajando como mensajero y llevando cartas por toda la Tierra.

-¿Y qué os parece si me uno a vuestro equipo? Ahora aparte de nadar también podréis volar- Fue una proposición que sabía que no me llevaría mucho tiempo. Mi trabajo lo era todo en ese momento aunque unos días sabáticos no le vienen nunca mal a nadie.

Deenan volvió a arrastrar a Meltia detrás de la roca donde supuestamente “no oiría nada” y podrían conversar y criticarme con total privacidad. Escuché todo, desde un: “Lo necesitamos” hasta “seguro que nos quiere matar y quedarse con nuestras chuches” pasando por “¿eso es un Pokémon?”. Estuvieron recapacitando un tiempo hasta que optaron por darme una oportunidad.

-Yo, Deenan, líder del grupo y todopoderoso emperador de las aguas, acepto tu solicitud de entrada en nuestro pequeño secreto- Dijo alardeando de título -¡Pero yo seguiré siendo el líder por mucho que le gustes a Meltia!- Se cruzó de brazos y se quedó tan pancho después de ruborizar a su compañera. Vaya, si os digo la verdad Meltia era guapa, pero no llegué a ser nada más que su amor platónico.

-Está bien- Reí.

Y desde ese momento quedó reconfigurado el equipo del Mar, nueva gran promesa del mundo Pokémon. Deenan, el gran y apuesto líder, Meltia, la mano derecha y precavida de los tres, y yo, la mano izquierda y el único con experiencia en este universo. Puedo decir que este momento fue uno de los 5 que más me han marcado en toda mi vida.

5 hechos que han marcado un antes y después
Unión al equipo del Mar.



Capítulo 3: Marea púrpura

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Imagen externa


-¡Meltia, Líbero! Venid aquí- Ordenó Deenan. –He estado hablando con el viejo Gyarados que ronda las profundidades y me ha comentado que la tormenta de ayer ha dejado al descubierto una nueva isla deshabitada que no pilla muy lejos de aquí. ¡Tiene que haber tesoros por todas las esquinas!

Me encantaba ver esa vitalidad tan propia de la pubertad que todos hemos experimentado alguna vez en nuestra existencia como Pokémon, sobre todo el ímpetu que le ponía para seguir explorando territorios nunca antes visitados. Preparamos unas bayas, cogimos unos guijarros por si nos asaltaban por sorpresa y salimos de esa gruta asfixiante en la que pasamos la noche para poder vivir nuevas aventuras. ¿Y mi trabajo? En ese momento no pensaba en el trabajo, la adrenalina de formar parte de un grupo inexperto buscando algo que le hacía felices inundaba mis vasos sanguíneos y me daban la valentía que no tuve durante el incidente del Café Spinda. Era genial.

-Partamos- Dijo la inteligente del grupo.

Ambos subieron a mi lomo y abandonamos aquel lugar en décimas de segundo para dirigirnos a por nuestro tesoro. El sol resplandecía en todo lo alto y brillaba en la espuma que soltaban las ahora sosegadas olas del mar que dejamos bajo nuestros cuerpos, la brisa salada acariciaba mi rostro a la vez que mi velocidad de vuelo aumentaba, nada que ver con lo que pasé el día anterior por la noche. Sobrevolamos los archipiélagos y divisamos la nueva caverna que había emergido tras el temporal.

-¿No es eso?- Preguntó Oshawott poniendo su mano como visera y señalándola mientras las nubes se desintegraban al rozar con su cara. Afirmé al no haber visto nunca ese conjunto de rocas en esa posición. -¿¡A qué esperamos!? ¡Yiha!- Exclamó repleto júbilo. Llevaba mucho tiempo sin ver una expresión facial como esa, era… era deleitable.

Aterrizamos en la entrada, había una pequeña puerta subterránea que sería fácil de abrir para entrar, pero no para salir. Lo único que veía entre la oscuridad eran los afilados dientes de Deenan, la única solución que había era usar Destello, que por desgracia ninguno de nosotros tres podía realizarlo así que opté por utilizar Brillo Mágico. Servía para alumbrar un poco aunque no tuviese el mismo efecto que el famoso ataque que mencioné anteriormente. Había charcos a cada paso que daba y pequeñas estalactitas que goteaban y producían un soniquete paranoico que se te metía directo en la sien y que me produjo un fuerte dolor de cabeza al pasar un tiempo prolongado allí metido.

Anduvimos durante unos minutos hasta que nuestro mismísimo líder, Deenan, se paró en seco. Meltia y yo le imitamos, miramos hacia el frente y vimos ante nosotros una escultura diamantina que emitía tanta luz que ya no necesitaba seguir alumbrando la cueva con mi ataque. Teníais que haber visto nuestros ojos, estaban abiertos como platos y brillantes como si tuviésemos estrellas metidas en nuestras cuencas, yo nunca había visto algo de ese valor y por su reacción supongo que ellos tampoco.

Tras unos segundos estando inmóviles por culpa de la belleza de la estatuilla preciosa, me acerqué a cogerlo puesto que era el único que poseía el privilegio de volar –olvidé decir que estaba situada en lo alto de una estalagmita bastante ancha y rodeada un túnel de agua subterráneo que iba a para al mar.-

-¿Qué es eso?- Preguntó el todavía atónito Oshawott. Meltia le siguió con un “es precioso”, lo que no sé es si se dirigía a mí o al tesoro.

Hicimos un corro y la deposité en el centro para examinarlo más de cerca. Era una vasija de colores rosas y oscuros, eso lo teníamos todos claro y que tenía en su interior varias piedras preciosas: unos zafiros, tres perlas y algo de oro. Ignoramos a la estructura y nos fijamos en las gemas sobre todo.

-Eso valdrá bastante…

-Pues puede que miles de Pokéyenes, incluso rozar el millón.

-¡Un millón de chucherías Meltia, ¿sabes lo que eso significa?!- Exclamó eufórico. Ambos se pusieron a cantar y a bailar como un baile típico regional, entrelazaban sus codos, subían las patas y daban vueltas sobre sí mismo.

¿Por qué no iba a unirme yo también? Acababa de encontrar un gran tesoro en mi primera aventura y, aunque mi objetivo no fuesen las chucherías, me alegraba por haberles repartido felicidad a estos dos diablos acuáticos. Bailamos hasta que el agotamiento nos pudo y comenzamos a merendarnos las bayas que habíamos guardado en el bolso de las cartas que llevaba. Al cogerlo recordé como les iría a los Pelipper sin mí, pero al recordar a la histérica de Picuda y el descanso de no oír ese chillido se me pasó.

-Venga chicos, recojamos y vayámonos de nuevo de aquí.

Cogí las piedras preciosas y las metí donde habían estado guardadas las bayas antes de ser devoradas, mientras que dejé la vasija por ahí tirada porque pensé que no tendría valor alguno -¡qué equivocado estaba!-, limpié un poco el suelo de restos de comida y alcé la cabeza para ver cómo iban mis compañeros arreglando un poco la cueva después del festín que nos habíamos pegado. Meltia tirada en el suelo inconsciente y Deenan desaparecido. ¿Qué pensé? Pues que la nutria me habría robado las gemas, atacó a Meltia y escapó con ellas para no repartirlas; sin embargo, yo tenía guardado el botín y no pudo habérselo llevado.

Un ácido violáceo que emanaba del túnel subterráneo empezó a contaminar la sala en la que estábamos la medusa, el desaparecido Oshawott y yo. Me tapé la boca con un ala y con la otra se lo hice a Meltia para que no respirase esa polución corrosiva que dañaría su interior.

-Deenan, esto no tiene ninguna gracia y parece peligroso- Advertí con tono amenazante al notar como mis extremidades se entumecían a cada rato que pasaban -¡Deenan joder!

-Perdona, ¿buscas esto?- Dijo una voz que desprendía una silueta negra que se escondía tras la niebla venenosa. Era una chica, de eso estaba seguro.

En ese momento, aquel monstruo lanzó al Oshawott a mis pies. Era un cuerpo casi sin vida, su cara estaba morada por el ácido que ese ser le había hecho tomar y apenas podía articular palabra.

-Es… Hono… Honoka- Sollozó antes de que la sangre comenzase a gorgotear por su boca e impidiendo que siguiese hablando.

Una jabalina de acero frío traspasó mi corazón en ese mismo instante y lo heló por completo. La sombra se acercó y dejó ver su rostro, el del terror de los mares. Yo había visto a ese Pokémon, cuando transportaba cartas y periódicos también tenía los famosos carteles de “Se Busca” y recordé un Dragalge por el que se pagaban miles y miles de Pokéyenes. Los malhechores a los que me enfrenté la noche anterior no se comparaban con el terror que me infundía este monstruo, su presencia de por sí amedrentaba y saber que asesinó a los padres de Meltia me echaba para atrás.

-¿Has visto un fantasma?- Vaciló con un tono sereno queriendo dejarme como débil. Detrás suya aparecieron varios Basculin.

-¡Huye Líbero!- Ordenó Deenan como pudo –Coge a Meltia… en brazos y llévatela mi… mientras puedas- Negué con la cabeza sin saber cómo responder a eso. Tenía miedo y quería irme, pero no sin él. -¡Obedéceme, soy tu líder! Cógela, llévatela a ella y a las joyas y le compras las…- Escupió sangre morada –las chucherías que ella quiera- Sonrió.

Por mucho que él sonriese yo rompí a llorar ante tal estampa. ¿Sabéis lo que se siente cuando por tu culpa muere un compañero como me paso a mí? ¿Creéis que, a pesar de estos 7 años, aún no sigo recordando a mi compañero Jacky? ¡No puedo permitirme una muerte más en mi equipo de exploradores, no si yo estaba presente y podía impedirlo! Aspiré las lágrimas y los mocos para parecer más calmado y me enfrenté a Honoka.

-Serás el líder, pero ahora mando yo y no dejaré que nadie muera- Cogí a Deenan y lo alejé de la dragona –Si crees que por ser del tipo veneno me vas a asustar estás muy equivocada, he tratado con basura peor que tú- Mentí.

-Tú solo eres un estorbo en mi camino, crear un lugar justo en el qu…- Le interrumpí y no pareció gustarle.

-Este estorbo te va a dar para el pelo y vas a recordar mi nombre: Líbero- Bendita falsa gallardía de la juventud, si ahora pasase por lo mismo saldría corriendo.

-Tú lo has querido- Su mirada me apuñaló las entrañas una y otra vez, pero no sería suficiente.

Imagen externa vs. Imagen externa


No iba a permitir que ella atacase primero. Agité las alas con rapidez y despejé el espeso veneno volador que rodeaba la zona para mejorar mi visión y que mis pulmones se volviesen a recargar de aire puro. La pelea de anoche no era nada más que el aperitivo, ésta era el verdadero plato fuerte. Honoka se movía con rapidez y de forma fluida, como si estuviese flotando en el aire, era tan confuso que aprovechó uno de mis despistes para asestarme con Cola Veneno por la retaguardia. Debo admitir que me hizo daño, demasiado diría yo.

-Tan sólo deja que me lleve la vasija y esto acabará sin ninguna víctima mortal.

-Tan sólo deja de hablarme como si tuviese que obedecerte y no morirás- Le avisé.

Me levanté gracias a mis alas y comencé a dar vueltas por toda la cueva mientras volaba, si a Honoka le gustaba despistar yo no iba a ser menos. Utilicé en repetidas ocasiones Tajo Aéreo que, combinado con mi habilidad dicha, le hacían retroceder una y otra vez. Su cuerpo se mantenía inmóvil por culpa de los ataques y yo aprovechaba esas pausas para enlazar mi ataque volador con Velocidad Extrema, acentuando su potencia. Todo muy utópico hasta que rocé una de sus púas tóxicas que acabaron con mi felicidad en un abrir y cerrar de ojos. Apoyé mi ala contra la pared y así resistir mi peso, que crecía a cada segundo que pasaba por culpa del mejunje que el Dragalge me había inyectado en uno de mis descuidos.

-Te lo advertí- Se acercó a mí y rozó mi cara con una de sus ásperas aletas para burlarse de mi debilidad al veneno. –Ahora cogeré esto y dejaré que tanto tú como tus compañeros os consumáis gracias a mi poder.

No pude hacer nada, intenté formular un Esfera Aural que esquivó como si nada debido a su esquelético y flexible cuerpo. Me arrodillé y acepté mi destino, el de morir joven. ¿Pokémon Festejo? Hubiese sido más acertado nacer en el cuerpo de un Absol, yo atraigo las desgracias a todos los que me rodean. Cerré los ojos y me tumbé en el suelo esperando no ser despertado por nadie más. Me equivocaba. De repente y como si se tratase de un ángel, una estilizada nutria ninja se dirigió con velocidad hacia la asesina y le cortó uno de los cuernos de su espalda sin apenas dificultades.

-Deenan- Musité –Has evolucionado…- Y me sumergí en un profundo sueño que ahogó mi subconsciente en un mortífero veneno.


Capítulo 4: Caverna de las Ilusiones

Spoiler
Aún tengo lagunas mentales que quieren hacerme olvidar ese pequeño infierno que pasé cuando desperté de aquella funesta pesadilla. Una fuerte migraña zarandeaba mi cerebro y lo hacía chocar con las paredes del cráneo, que se resquebrajaba a cada golpe y me producía una situación de estrés que no pude superar en mucho tiempo, ¿acaso Honoka era tan poderosa? Lamentablemente sí, ya podría usar sus poderes para beneficiar a la grata comunidad de especies que conforman la zona en lugar de hacer daño. A pesar de mi intento de erguirme con velocidad para que ningún camarada notase mi situación, me balanceé en repetidas ocasiones y volví a caer al suelo.

-No te muevas- El tono de preocupación del nuevo Deenan me sosegó –Fuiste envenenado gravemente y aún no estás recuperado. Estoy preparando algo para tomarte.

-Vale…- Susurré. Miré a mi alrededor y me percaté de que seguíamos en la misma cueva -¿Dónde está?- No obtuve respuesta, quizás formulé mal la pregunta -¿Dónde está el Dragalge?- Repetí.

-Se marchó sin conseguir lo que quería- Esbozó una sonrisa que desapareció de un segundo a otros. –Prométeme que nunca le dirás nada a Meltia- ¡Meltia!

-¿Está bien?- Me hizo una señal con su cabeza de que mirara detrás de mí.

-No recuerda nada así que le dije que caíste desmayado por el cansancio. No tiene que preocuparse por nada de lo que pasó y mejor que siga siendo así, ya habrá aventuras más memorables que esta- Cogió una púa idéntica a las que Honoka tenía en la espalda y la aplastó con el pie.

Meltia estaba dormida en un rincón, su piel brillaba debido al resplandor que el agua ejercía en su epidermis e iluminaba nuestro cobijo. Miré a mi alrededor buscando algo novedoso para poder soportar esta tensión en el ambiente. No encontré nada.

-Toma- Dijo el Dewott –Te servirá para recuperarte por completo- Era una bebida rosácea que no me daba mucha confianza, al contrario, parecía más letal que el veneno de nuestro enemigo.

Tragué intentando no respirar para que bajase rápido y, sorprendentemente, hizo efecto casi al instante. Notaba mis alas mucho más relajadas que unos segundo atrás y se me desnubló la vista por completo, no sé lo que la nutria le echó a zumo, pero le agradezco unos días de reposo. Unos segundos más tarde, Meltia se desveló.

-¿Ya despertaste de la resaca, Líbero?- Rió ignorado la situación.

No supe como contestarle por miedo a meter la pata, simplemente esbocé una leve e inquieta sonrisa que desapareció en cuanto me di la vuelta. La medusa se me acercó y, tras golpearme el hombro con su flácido brazo, reunió al grupo entero. Deenan parecía mucho más maduro, aunque no sé si era por culpa del suceso con Honoka y como se ha visto solo ante el peligro. Nunca debí haberme enfrentado con esa bestia con tal ardor, a partir de ese momento aprendí a ser algo más modesto sin dejar de lado el ansia de ganar.

-Ahora que somos un grupo…- Paró para ver si captábamos la idea -¡Debemos tener una guarida secreta en la que guardar nuestras operaciones! ¡Eh, eh, ¿qué os parece?!

Me resultó indiferente, puede que algo más tarde hubiese respondido que sí enérgicamente, pero ese día no fue así. Nuestro líder aceptó con seriedad y empezamos con los planes.

-Mirad chicos- llamó nuestra atención –Había pensado en esta cueva que no la conoce nadie y tendremos toda la privacidad de mundo, crear una bandera, poner un escritorio, un tablón con misiones de rescate… ¡Chicos, nuestra primera misión de verdad! Decorar esto un poquito y ya- No le respondimos -¿Qué os pasa?

No queríamos que sospechase de nosotros así que nos pusimos manos a la obra y comenzamos con la bandera, Meltia se encargó de ella debido a su facilidad para pintar con tantas extremidades útiles: una concha –en honor a Deenan- sobre un fondo blanco con triángulos rojos y azules –yo- bajo unos ojos negros con iris rojo –y Meltia-.

-Pues ha quedado bien- Al final hizo dos, una para ponerla a la entrada de la cueva y otra para colocarla dentro. –Líbero, ¿por qué no vamos a tu pueblo, lo vemos y de paso nos traemos algunas cartas de rescate de tu trabajo? Ya también podríamos comprar un escritorio con lo que nos sobrase de las chuches- Comentó.

Me pareció buena idea y serviría para explicárselo todo a mi jefe. Salimos sin perder ni un segundo y comenzamos nuestro viaje que no llevaría más de 15 minutos si utilizaba también Velocidad Extrema. El cielo estuvo calmado todo el trayecto, algo nublado, pero sin tormenta a lo lejos y como que mejor, no nos veía volviendo a ser arrastrados con olas gigantes después de lo que hemos pasado –creedme cuando os digo que una ola gigante sería mejor que lo que nos pasaría unos días más tarde-. Llegamos a pueblo Vainilla al mediodía, la mejor hora para pasear por sus calles y plazoletas.

Mientras íbamos a Mensajeros Pelipper me saludaron y pararon varios vecinos, no sabéis lo que los eché de menos en estos 3 días que estuve desaparecido, como si un Wailord me hubiese engullido y no dejase rastro de mi existencia. Otro tema que me mantenía en velo durante esos años: el recuerdo tras mi muerte, ¿alguien se acordaría? Entramos al edificio, fue poner un pie en la moqueta que recubría el suelo y notar que alguien me espiaba.

-Hombre, ¿pero a quién tenemos aquí?- “Mierda”, pensé –Él hombre que ignora por completo el contrato y pilla vacaciones cuando le da la gana. ¡¿Dónde te has metido todo este tiempo?! ¿Te crees que por ir repartiendo cartas por ahí puedes hacer lo que tú quieras?

-Picuda- Musité –Estuv…

-¡Pues no!- Me cortó como si no me hubiese oído –Estás aquí gracias a mí y en la siguiente reunión créeme que no te vas a ir de rositas, pienso poner una mala reseña de tu competencia laboral. ¡Malíiiiiisima!

-¡Pero Picuda!

-Ni peros ni peras, coge eso ahora mismo y lárgate a hacer lo que quiera que hagas. Reparte periódicos, cartas o lo que sea, pero desaparece de mi vista.

Había descubierto algo peor que enfrentarme a una tormenta implacable, más terrorífica que combatir contra una criminal que por su cabeza regalan varios ceros y que ser envenenado. Había descubierto el verdadero temperamento de Picuda, la aleta de hierro de Vainilla. Recogí las cartas, diarios y peticiones de rescate que esta furibunda Pelipper golpeó y tiró por suelos y salí del sitio sin replicarle, no quería ser despedido y volver a una vida sedentaria.

-¿Se lo tomó bien?- Preguntó Meltia.

-- Mentí, no quería que se sintiesen culpables por mi culpa.

Dimos un paseo hasta llegar a los hermanos banqueros del pueblo: Clamperls.

-¡Hola, Rosa!

-¡Líiibero!- Exclamó nada más verme -¿Qué hay de tu vida? Llevo tiempo sin verte.

-Un día que tenga tiempo te contaré todo lo que me pasado. Mira, quiero que me digas el valor de esto- Saqué la vasija.

-Nada.

-No, no, espera- La abrí y saqué todas las joyas que contenía.

-Joder- Miró a ambos lados, sonrojado –Perdona, por eso os puedo dar…- Pensó unos segundos a la vez que señalaba cada piedra –Unos 15000 Pokéyens.

-¿¡Cómo!?- Exclamaron Meltia y Deenan al unísono. –Muchas veces nos han dado 5 chuches por una cosa parecida- Continuó el segundo.

-Hay mucho timador por ahí suelto.

Cogimos nuestra recompensa y compramos los muebles que tanto deseamos para nuestro cobijo, por fin tendríamos una base para debatir nuestros asuntos.

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#2349317 18/01/2016 17:18
00
BellamyBellamy

# Fecha de alta: 17/01/2016

# Edad: 83 años

20 10 20 0
¡Capítulo 1 publicado! Pequeña referencia al equipo Celestial de @Dralis y a su Gaceta.
#2349736 19/01/2016 17:34
10
BellamyBellamy

# Fecha de alta: 17/01/2016

# Edad: 83 años

20 10 20 0
¡Capítulo 2 publicado! Pequeña referencia a Honoka, el dragalge de la Tormenta de @javifg92 que más tarde aparecerá de manera más amplia.

PD: Luego edito el glosario de personajes <:
#2349907 19/01/2016 22:37
12
javifg92javifg92

# Fecha de alta: 14/07/2012

# Edad: 28 años

# Ubicación: Madrid

1765 1180 135 21
La leche! Me ha encantado tu historia. Tiene una redacción muy inteligente y original. Un poquito largo, pero se hace entretenido.

Perdona por no haberlo leído hasta ahora. Hay tantos fanfic que ya no se cuales he leído y cuales noXD. Y lo de incorporar a mi antagonista ha sido toda una sorpresa. Ahora estoy algo liado, pero no olvidaré este detalle que me has hecho para mis futuros episodios.

Un saludo:P
#2349942 20/01/2016 00:55
11
drayxedrayxe

# Fecha de alta: 06/03/2012

# Edad: 27 años

# Ubicación: Málaga

33 41 10 10
Curiosa manera de presentar la historia, como un libro autobiográfico (aunque no me imagino a un Togekiss escribiendo xD); y tampoco había conocido nunca a un Togekiss tan osado, la verdad. Tiene buena pinta, sigue así.
#2350592 21/01/2016 17:53
10
BellamyBellamy

# Fecha de alta: 17/01/2016

# Edad: 83 años

20 10 20 0
¡Capítulo 3 publicado! Siento que me haya salido tan largo, pero una vez me puse a escribir se me fue el santo al cielo. Se presenta al primer antagonista del equipo del Mar, Honoka [La Tormenta], que veremos si se vuelven a encontrar.

Gracias por los comentarios, animan.
#2350601 21/01/2016 18:14
11
javifg92javifg92

# Fecha de alta: 14/07/2012

# Edad: 28 años

# Ubicación: Madrid

1765 1180 135 21
No tengo palabras. Me has mantenido con la tensión en todo maldito momento. XD

Uno de mis capítulos preferidos de todos los fanfic que he leido. Y no lo digo por la aparición de mi antagonista (que tambien) Te lo has currado. Me encantaría colaborar contigo en el futuro. Sigue así!
#2350620 21/01/2016 18:52
10
drayxedrayxe

# Fecha de alta: 06/03/2012

# Edad: 27 años

# Ubicación: Málaga

33 41 10 10
Muy buen capítulo, si señor. Y no se me ha hecho para nada largo. Un 10, vaya. Sigue así
#2352505 26/01/2016 15:40
10
BellamyBellamy

# Fecha de alta: 17/01/2016

# Edad: 83 años

20 10 20 0
¡Capítulo 4 publicado! No es muy importante para la historia, es una base para lo que ocurrirá en el siguiente capítulo, que sí volverá a tener el nivel del anterior. rolleyes
#2352889 27/01/2016 11:00
10
javifg92javifg92

# Fecha de alta: 14/07/2012

# Edad: 28 años

# Ubicación: Madrid

1765 1180 135 21
Ha estado bien, un capítulo de relax, si no fuera por Picuda XD. Menudo cambio ha pegado Deenan. A ver si dentro de poco hacemos colaboración. Me encantaría, pero primero que acabe tu historia mejor je je... Un saludo!
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