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Arthur_Sheikav 13/08/17 17:41:14
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¿Por qué The Legend of Zelda?

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Hola tú. Si, tú. Si estás aquí, es porque, definitivamente, te gusta algo de la saga de Zelda, aunque sea un poco. A lo largo y ancho del mundo, hay muchísimos fanáticos de TLOZ, y cada uno tiene sus diferentes razones, desde los aspectos técnicos y narrativos, hasta algunos más personales. En esta ocasión, me he alejado un poco de la euforia provocada por las últimas noticias sobre nuestra saga favorita, para ahondar más en este asunto.

Permítanme contarles la razón por la cual soy seguidora de la saga, desde hace tanto tiempo…

Corría el año del 97 cuando mis padres llegaron a casa con un Nintendo 64. Vengo de familia de videojugadores: mi papá era experto en Pac Man, y mi mamá se acababa de corrido todo el Super Mario Bros. En el NES de mis primos. ¡Por supuesto que me llamaba la atención tener videojuegos! El juego que venía con la consola era el mítico Super Mario 64. Tiempo después llegó a mí Banjo Kazooie, el cual compré con los ahorros de toda mi corta vida.

Nunca supe por qué mi papá sabía de juegos. Fue él mismo quien me sugirió comprar el que, dicho sea de paso, pienso es el plataformero más brillante de todos los tiempos, el mencionado Banjo Kazooie. Y en 1998, me sugirió un juego que había visto en algún lado. Un héroe que montaba a caballo y tocaba melodías. El juego se llamaba…

En toda su gloria y esplendor

Tanto me habló mi papá de este juego que comencé a añorarlo. Sin embargo, como ya mencioné, todos mis ahorros se habían ido en ese Banjo Kazooie el año anterior. En una revista especializada había fotos y menciones al famoso juego , con todas sus bondades, virtudes, todo lo que significaba que este juego estuviera en una consola con gráficos en 3D. Deseaba mucho tenerlo.

Pero no todo era bello en casa.

En 1996 había nacido mi único hermano. Al cumplir un año, él tuvo problemas respiratorios. No recuerdo exactamente qué pasó en aquella época. Pero no se asusten, mi hermano salió bien de aquello. Sin embargo, las secuelas que había dejado ese problema eran otras. Mis padres peleaban con frecuencia. En la casa se sentía un ambiente muy tenso, mamá siempre estaba molesta por todo, y papá nunca hacía caso con nada. Mi única distracción había sido mi Nintendo 64, pero incluso eso se había vuelto supérfluo.

En México (y supongo que en muchos países de Sudamérica), el 5 de enero se festeja de Día de Reyes, día en que los Santos Reyes Magos les traen juguetes a los niños que se portan bien. Recuerdo haber recibido pocos regalos la madrugada del 5 de enero de 1999: algo de ropa, una muñeca, y una caja de galletas. Mi hermanito, de poco más de dos años, recibió ropita y cosas de bebés. Mi papá se levantó temprano a preguntarme qué me habían traído los Reyes. Al mostrarle la caja de galletas, me preguntó si le podía dar una. Destapé la caja…

No había galletas dentro.

Ni una sola morona.

Había…¡¡UNA COPIA DE OCARINA OF TIME!!

La imagen no es mía, pero recuerdo que así lucía. Bueno, un poco más nuevo.

¡Oh Diosas, qué sensación! Lo tomé entre mis manos y salté con locura por toda la sala! Claro, inmediatamente fui a probarlo. Mi hermanito observaba sentadito en el sillón. Mi papá se sentó conmigo. Mi madre se despertó al escuchar el alboroto, y también fue a ver. El niño de ropas verdes pronto apareció en la pantalla. Era tal el sonido, la presencia, una historia prometedora… toda la familia quedó cautivada por la que, pronto, se daría a conocer como una obra maestra.

Pero claro, la pequeña Yakio no sabía demasiado inglés en aquellos tiempos. Mi papá era quien me traducía algunos diálogos, llevándome al siguiente acertijo. ¡Era tan difícil, pero no podía dejar de jugar! Realmente quería saber qué seguía, en qué terminaba aquella historia llena de melodías, y aprovechando las vacaciones de invierno jugué todos los días. Llegó un momento en que no encontrábamos una respuesta (Lo recuerdo muy bien: había que buscar a Saria para aprender su canción, y luego mostrársela a Darunia). Mi papá perdió la paciencia mientras me veía jugar, me quitó el control, y siguió él con el juego. Al ver que mi padre jugaba, mi mamá se acercó a la sala también. Y justamente así es que nació un nuevo ritual familiar:

Papá regresaba del trabajo a las 8:30 de la noche . Mamá le daba la cena. A las 9:00, todos nos sentábamos en la sala (el bebé incluído), y por espacio de una hora (o dos los viernes), mi papá avanzaba lo más que podía al juego, a veces guiado por mi mamá o por mí, y todos pegando saltos de emoción al pelear contra un jefe o aprender una nueva melodía. Mi hermano, que ya hablaba un poco, aprendió frases como “¡Ay, un zombie!”, “Dale al tektike”, “Es un poe”, y mi favorita (repetida por mi papá) “¡Estúpida Navi!”.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo duró aquel idílico período. Según una estimación que leí en alguna parte, Ocarina of Time dura unas 60 horas (si no te ocupas de todas las sub búsquedas de piezas de corazón y skulltulas doradas). Pero al menos durante un largo tiempo, cada día se volvió mágico hasta acabar con toda la leyenda. No recuerdo más discusiones entre mis padres en muchos años. Había ocasiones en las que dedicábamos días enteros los fines de semana, donde nuestra pequeña familia se congregaba ante el televisor, tal vez con una botana, para terminar algún calabozo. Recuerdo a mi padre furioso al ser derrotado en varias ocasiones por Bongo Bongo. También recuerdo a mi mamá llorar de emoción al escuchar el Bolero del Fuego y querer escuchar esa melodía cada cinco minutos. Mi hermano finalmente creció con Ocarina of Time. Y yo comencé a imaginar millones de cosas, alimentada por el mágico mundo de Hyrule, por el amor de mi familia, y deseando que esa maravillosa etapa nunca terminara. Aún hoy, cuando me siento triste o sola, evoco aquella magnífica época que, claro, tarde o temprano tenía que llegar a su fin.

Ocarina of Time se acabó una vez (con todos los corazones, magias y skulltulas doradas). Después yo tuve oportunidad de jugarlo y terminarlo en varias ocasiones. Mi hermano también aprendió a jugar y lo terminó también. Pero nunca eliminamos aquella primera partida que tanto significó para toda la familia.

Después llegó Majora’s Mask…Pero esa, mis amigos, es otra historia.

¿Y tú, por qué eres fan de TLOZ? ¿Sólo gusto, valor sentimental? ¡Cuéntanos!
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